En su vasta geografía, Bolivia tiene hermosas riquezas naturales, y entre ellas, la Chiquitania , sin lugar a dudas, es uno de los lugares con una belleza inconmensurable que no sólo es inspiración para el poeta, sino que también transmite mensaje de vida a quien tiene la suerte de visitarla.
Durante el último feriado tuve la suerte de estar en Concepción, un pueblo con la languidez propia de los pueblos orientales y que mantiene viva la llama de esa región con la inapreciable ayuda de sus gentiles pobladores; también pase por San Javier, Santa Rosa de la Mina y Las Piedras, pero es más que triste referirnos a como se llega a estos pueblos.
La carretera desde Santa Cruz hasta San Ramón ha sido mantenida con un criterio práctico, el pavimento asfáltico deteriorado fue directamente sacado, dejando varias secciones sobre ripio, actitud que, considerando lo que se tiene que atravesar después, no deja de ser inteligente, aunque no resuelve el verdadero problema de la comunicación vial en esa importante región.
El suplicio -término más apropiado que martirio- empieza al salir de San Ramón hasta llegar a Concepción pasando por San Javier, la carretera ‘asfaltada’ tiene tantos y tan grandes baches, que hace que la travesía se convierta en un tormento moral, porque no se puede explicar cómo no tenemos carreteras acordes con las necesidades del país en general y de la región en particular; y tormento físico, porque tener que ir esquivando cada bache para caer en otro, y así sucesivamente hasta el cansancio, deja maltrecho el cuerpo de cualquier mortal, aunque el premio final sea disfrutar de la belleza de la Chiquitania.
No ha pasado tanto tiempo como para olvidar que con bombos y platillos y toda la parafernalia posible se inauguraron los tramos de la carretera asfaltada a Concepción y la eterna promesa, siempre incumplida, de llegar hasta San Ignacio de Velasco.
No es posible que una carretera de la envergadura como la que me refiero, que conecta uno de los sectores más importantes de producción agropecuaria que aporta a la riqueza nacional, se encuentre en poco tiempo en tan mal estado. Estuve buscando respuestas a esta que, más que interrogante es preocupación, y la única respuesta posible la encuentro en la corrupción de las autoridades, de las constructoras y de todos quienes han tenido que ver con su construcción.
Una carretera de esta índole parte de un estudio técnico en el que se determinan las condiciones de base para después llamar a una licitación pública, a fin de que empresas constructoras capacitadas se adjudiquen dicho trabajo, siempre y cuando cumplan las exigencias del pliego correspondiente. Los baches posteriores de la carretera nacen en los acuerdos bajo mesa (cohecho de por medio) para cumplir las exigencias en papel y reducir la cantidad de material a utilizarse, y ese ahorro en el costo se dirige al pago de las autoridades encargadas de fiscalizar y contratar la obra para que se hagan de la vista gorda.
Debería hacerse una auditoria real y profunda sobre este tipo de situaciones y castigar a todos quienes incurren en una verdadera figura de estafa al pueblo boliviano, que finalmente es el que paga una carretera, pero no los baches de la corrupción.
Publicado en El Deber 17/02/11
Publicado en Los Tiempos 31/03/11
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