Hay noticias tristes que sólo entristecen, pero hay otras que preocupan y amargan, y es el caso del cierre de la librería Cunumi Letrao, sueño quijotesco de un hacedor de cultura como Ricardo Serrano. Las causas son varias y de diferente índole; si tuviéramos que enumerarlas por incidencia, sin lugar a dudas la primera es la ausencia de ‘culturización’ del cruceño (nacido o no en esta tierra), en particular, y el boliviano, en general.
Para el común de los cruceños sus intereses son frívolos y superficiales, pues se limitan a la lectura de los suplementos sociales y del mal llamado deportivo, porque sólo se refiere al fútbol.
Sin ánimo de pecar de exagerado, quienes asisten a los varios eventos culturales que se realizan en Santa Cruz son las mismas personas. Es que la población cruceña que tiene interés por los actos culturales es pequeña y la misma, y con mucha pena vemos que no crece y menos que asistan jóvenes.
Otra causa para que la cultura vaya mermando es la actividad delincuencial de la piratería, que alcanza a casi todas las labores culturales. Personas que suponemos o creemos que tienen cierto grado de cultura, no compran libros originales y prefieren adquirir fotocopias, constituyéndose en cómplices de dicha actividad delictiva y para que se cierren librerías como el Cunumi Letrao.
Un hecho alarmante es que las formadoras de personas cultas y las impulsoras de la cultura en todos sus campos, es decir, las universidades públicas y privadas, son impulsoras del uso de las ilegales fotocopias para el estudio de los alumnos. Incluso se llega a situaciones en que los mismos profesores entregan fotocopias parciales de textos, que son las partes que interesan a su curso, amputándolos y poniendo límites inconcebibles a los estudiantes que no pueden acceder a mayores conocimientos. Aunque, en rigor a la verdad, a la gran mayoría de estudiantes tampoco le importa, porque la cultura imperante en nuestras universidades es conseguir pasar de materia con el menor esfuerzo posible.
En materia musical, es realmente impresionante cómo los delincuentes tienen colecciones de toda clase de música, para todos los gustos, y también es impresionante como los habitantes que se supone tienen alguna preparación y están disfrutando de charlas en los locales de la av. Monseñor Rivero son los principales compradores de esos discos pirateados, sin darse cuenta de que son cómplices de una actividad delictiva que perjudica gravemente a los que se esfuerzan por crear arte, y vemos a nuestros compositores con ingresos reducidos porque de los derechos de autor que les corresponde no les llega mas que migajas.
Habrá que seguir arando en el océano, apoyando dentro de lo que podemos a la familia Roca Gravato, que en la Librería Ateneo no sólo vende libros, sino cultiva y otorga la amistad junto a un buen café; a un Peter Lewy que en LewyLibros procura estar con las ultimas novedades internacionales; a la gente de Lectura, Amigos del Libro y de la bien denominada El Quijote, que siguen aún sin desmayos en la lucha.
Algo tenemos que hacer para inculcar en los jóvenes y también en los mayores hábitos de lectura y no ayudar a la piratería, a fin de terminar con la frivolidad en nuestra sociedad.
Publicado en El Deber 31/01/11
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