viernes, 15 de abril de 2011

Homogénea mediocridad

         Varios años atrás perdí la ilusión de que podría estructurarse una oposición inteligente, con propuestas adecuadas y críticas razonables que buscaran reconducir actos que van en contra de los intereses del país, es decir, una oposición fuerte ante un oficialismo avasallador y prepotente.
         La primera decepción se presentó el momento en que se sustituyeron los partidos políticos por las llamadas agrupaciones ciudadanas. Estas se conformaron al calor únicamente de los intereses de grupos que perdían el poder y buscaban posicionarse en el nuevo esquema político que se formaba en Bolivia, a fin de ver qué podían mantener o recuperar, sin interesarles el destino del país. La segunda decepción que fue la confirmación del fracaso político de la oposición y de su negativo futuro fueron las personas que representaban dichas agrupaciones ciudadanas, desde el pobre liderazgo de quienes pretendían encabezarlas hasta sus miembros de base, que buscaban solamente acomodarse en el nuevo escenario político-social.
              Lo que se podría intentar definir como oposición política al proyecto hegemónico del partido de Gobierno no pasa de un ‘rejuntado heterogéneo’, que en lugar de trabajar aportando –aunque no les hagan caso- con soluciones, propuestas, alternativas o dejando sentada su presencia en los diferentes ámbitos donde se desenvuelven, se pasan criticando en base de simples adjetivos, lo que es muy fácil hacerlo, porque insultar no requiere de argumentos o posiciones sólidas, y reciben cobertura de los medios de comunicación, que buscan más el escándalo que los aportes o críticas fundamentadas.
         En su columna periodística de EL DEBER, el periodista Tuffí Aré señaló que las fuerzas políticas que conforman ahora la oposición carecen de un liderazgo firme, no tienen la suficiente consistencia ideológica y sufren por el detestable oportunismo de algunos de sus miembros. En realidad, las agrupaciones ciudadanas no tuvieron en ningún momento liderazgo y mucho menos algún tipo de ideología. La unión de quienes son parte de esas agrupaciones de tipo político ha sido y continúa siendo únicamente para precautelar los intereses de grupos económicos e individuales de quienes aparecen públicamente.
         En lo que sí existe absoluta homogeneidad de la pretendida oposición política es en su mediocridad. El caso particular de la Brigada Parlamentaria Cruceña es la demostración palpable e innegable de la pobreza intelectual de sus miembros, que no han tenido ni siquiera la capacidad de manejar políticamente la elección de su directiva y por el contrario, haciendo alarde de ineficiencia y mediocridad, por los incompresibles argumentos de sus miembros, en lugar de consolidar por lo menos una brigada parlamentaria de oposición al partido de Gobierno no solo rifaron la confianza de quienes ahora están arrepentidos de haberlos elegido, sino también la de toda una región, que a puro pulmón sigue manteniendo el liderazgo económico, aunque disminuido, y sus supuestos dirigentes continúan con mediocres discusiones.
         Se confirma la decepción que tengo desde tiempo atrás, sólo que ahora se agrava porque seguimos sin poder vislumbrar en el futuro cercano la aparición de algún liderazgo inteligente que proponga, dirija y lidere en lugar de seguir en el absurdo camino del insulto y la diatriba.

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