jueves, 12 de enero de 2012

Ciudad indefensa

            Sin caer en exageraciones podemos decir que en Santa Cruz de la Sierra las desgracias, tanto personales como materiales, no son felizmente mayores, a pesar de que está por demás demostrado que es una ciudad indefensa.

            Con casi dos millones de habitantes, ya no es una ciudad pequeña y se la tiene que ver como una urbe que crece sin solución de continuidad y sin planificación razonable y responsable.

            A su natural inclinación de crecer horizontalmente, similar a Los Ángeles en EEUU, ahora lo está siendo hacia arriba con la construcción indiscriminada de edificios por doquier, muchos de ellos en los límites de seguridad a efecto de reducir costos y dar a los constructores mayores beneficios económicos en desmedro de quienes van a habitar los mismos.

            Durante los últimos días hemos sido mudos testigos de incendios de proporciones que van desde departamentos en propiedad horizontal, pasando por depósitos en los que se almacenaban productos químicos, hasta un moderno supermercado; en ninguno de los casos hubo medidas internas de seguridad inmediata para enfrentar catástrofes que empiezan con un fuego producto de algún accidente que rápidamente se descontrola por la total ausencia de medidas para enfrentarlos, tanto por la falta de preparación de la gente responsable como de implementos, por ejemplo extintores, que no pueden hacer frente a estos problemas.

            Por declaraciones de autoridades se sabe que existen licencias de funcionamiento, pero no el manifiesto ambiental, ya que sin este –en teoría- no podría en ningún caso otorgarse las mencionadas licencias. En estas circunstancias empieza la indefensión de la ciudad por negligencia de las autoridades pertinentes.

            Santa Cruz sigue siendo líder en el desarrollo del país, pero internamente carece de un cuerpo de bomberos que pueda enfrentar los incendios que hemos visto en los últimos días.

            Se llega a situaciones lindantes con la tragicomedia: en primer lugar los bomberos tardan media o una hora en llegar al lugar del incendio, considerando que las distancias no son largas, lapso en el cual las llamas arrasan con lo que está a su alcance; este inconveniente se agrava porque los pobres carros bomberos deben lidiar con el tráfico vehicular que nos les da campo para que pasen, producto de la ignorancia en la que casi todos los conductores en esta ciudad incurren, inclusive cuando se tiene una ambulancia con sirena y luces pidiendo paso.

            El segundo problema con el que los bomberos se enfrentan es que los hidrantes siempre están a varias cuadras de los incendios, porque los encargados de su instalación no los distribuyen en toda la ciudad, como ocurre en cualquier otra metrópoli. Así que son bomberos sin agua.

            Y para terminar este absurdo cuadro de indigencia, los carros y el equipo de bomberos es tan pobre, que si no fuera por la voluntad que ponen éstos en su lucha con la catástrofe, los daños serían mucho mayores.

            La ciudad como tal debe encarar una solución integral a través de sus instituciones y empresa privada, la cuales, en lugar de seguir auspiciando actividades frívolas y superficiales, deberían respaldar la compra de equipos modernos, carros de bomberos y la instalación de muchos hidrantes, antes de que un incendio se escape de las manos y tengamos que lamentar pérdidas de muchas vidas.



Publicado en El Deber 30/12/11 y en Hoy Bolivia el 2/01/12


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