martes, 26 de junio de 2012

No es cuestión de malla curricular


El problema de la educación boliviana no puede centrarse en cambiar la malla curricular, con el agravante de dictarse una nueva ley educativa que promueve en los papeles un verdadero cambio que no se perfila hacia el futuro, sino más bien pretende regresar anacrónicamente a un pasado incluso superado por sus mismos protagonistas.

            La nueva ley tiene mínimo diez cambios: se cambian los ciclos dividiendo en dos de seis años cada uno; que los alumnos aprendan a leer y escribir correctamente en el primer año de primaria; se introduce la computación; al ser un Estado laico la materia de religión se cambia por valores y espiritualidades; se debe aprender dos idiomas, uno de ellos lengua nativa; las evaluaciones serán bimestrales; la calificación será sobre 100 puntos; se incorpora la formación técnica para el bachillerato; se cambian los contenidos de las materias y se adopta un nuevo método de enseñanza.

            Es un sinsentido cambiar la malla curricular y no encarar el verdadero y necesario cambio, que es la formación profesional de los maestros. Transcribo lo que en las redes sociales me llegó casual y coincidentemente sobre este tema. Un supervisor visitó una escuela primaria y en su recorrido observó algo que le llamó la atención: una maestra estaba atrincherada detrás de su escritorio, los alumnos hacían un gran desorden; el cuadro era caótico. Decidió presentarse: "Permiso, soy el supervisor. ¿Algún problema? La profesora responde: “Estoy abrumada, señor, no sé qué hacer con estos chicos. No tengo láminas, no tengo libros, el ministerio no me manda material didáctico, no tengo recursos electrónicos, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles". El inspector que era un ‘docente de alma’, vio un corcho en el desordenado escritorio, lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos: “¿Qué  es esto?”. “Un corcho, señor", gritaron los alumnos, sorprendidos. "Bien, ¿de dónde sale el corcho?". "De la botella señor; lo coloca una máquina, del alcornoque, de un árbol, de la madera”, respondían animosos los niños. "¿Y qué se puede hacer con madera?", continuaba entusiasta el docente. “Sillas, una mesa, un barco”. “Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en el pizarrón y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué país corresponde. ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce ese país? ¿Alguien recuerda una canción de ese lugar?”. Y comenzó la tarea de geografía, de historia, de música, de economía, de literatura, de religión, etc. La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase le dijo conmovida: "Señor, nunca olvidaré lo que me enseñó hoy. Muchas Gracias." Pasó el tiempo, el supervisor volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden. "Señorita ¿qué pasó? ¿No se acuerda de mí? “Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho. ¿Dónde lo dejó?".

            El problema de la mediocre educación boliviana no está en la malla curricular o en leyes especiales, se encuentra en la base y fundamento, que es la deficiente preparación de los maestros. Cuando el maestro no tiene vocación o alma de maestro nunca encuentra el corcho, y si además a la falta de vocación adicionamos una formación pobre, como la que se les da en las normales, ¿cómo podemos pretender que los alumnos aprendan algo bien, cuando quienes les tienen que enseñar no tienen como hacerlo, porque no están debidamente preparados?

            Una verdadera revolución educativa debe empezar por cambiar radicalmente la formación de los maestros con exigencias de alto nivel de profesionalismo.



Publicado en El Deber 29/02/12, en Los Tiempos 01/03/12 y en Hoy Bolivia el 09/03/12


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