No solo se trata de los cambios
introducidos por la Constitución Política del Estado Plurinacional (CPE) de
febrero de 2009 y los consiguientes en la estructura jurídica de este nuevo
Estado los que deben considerarse muy seriamente al analizar la situación
económica, política, social y cultural en Bolivia.
Además de lo estrictamente jurídico,
después de la promulgación de la nueva CPE se han producido cambios en el
momento histórico que atravesamos con desafíos que se consolidan día a día y no
pueden ser desconocidos, menoscabados ni mucho menos no tomarlos en cuenta.
Entre esos cambios profundos e
irreversibles a manera simplemente enunciativa tenemos la consolidación de las
autonomías indígenas, que incluso tienen más presencia y prerrogativas que las
autonomías departamentales tan venidas a menos, casi por desaparecer.
Los movimientos sociales han asumido liderazgos en varias materias y
aspectos de la vida del Estado Plurinacional que difícilmente podrán en el
futuro ser desconocidos o disminuidos. Su presencia es un hecho real, concreto
y que además tienen la fuerza de conocer el grado de empoderamiento para
exigir, imponer o en su caso obstaculizar diferentes aspectos del quehacer
nacional, en función de y según los intereses de estos movimientos sociales muy
por encima de las necesidades del país mismo.
El partido de Gobierno ha creado
cuadros políticos, muchos de ellos ahora convertidos en contestarios a sus
creadores, que se mueven a gusto en el ejercicio del poder y siguiendo con la
tesitura gubernamental usan y abusan del mismo. Será muy difícil encarar una
tarea de desmantelamiento de estos cuadros por la fuerza y presencia que
tienen.
Es una realidad irreversible que
esos cambios no podrán desconocerse al encararse con vistas al futuro cualquier
actividad política o económica que se pretenda hacer y mucho menos no
incorporar a los mismos en lo que se pretenda.
Ante la cada vez más cercanas
elecciones presidenciales, los diferentes movimientos políticos han empezado a
desperezarse, partiendo de la preocupación, cierta y real, de que la
fragmentación y dispersión es el principal enemigo por derrotar, discutiendo,
si bien todavía tímidamente, la posibilidad de apostar por una candidatura
única, y para llegar a ella empezar por un sistema de preselección bajo la
modalidad de elecciones primarias.
El sistema de preselección sea bajo
el sistema de primarias o de eliminatorias como se conoce en otras latitudes,
está fundado en que los postulantes tienen programas e ideologías políticas si
no iguales, muy similares. Utilizar este sistema solo para tener un único
candidato que enfrente al oficialismo es reiterar los fracasos ya ocurridos en
las elecciones desde fines del siglo pasado.
Lo cierto es que primero deben
conformarse agrupaciones políticas serias que tengan, ante todo, una sólida
concepción ideológica y que se formen los cuadros necesarios en todos los
ámbitos del quehacer político nacional, como el publico-estatal, el
social-sindical y el político partidario, con participación activa de todos los
elementos que se han incorporado al país y se busque construir una ideología
basada en la democracia, la libertad y el Estado de Derecho, y que tenga la
fuerza para enfrentar un proyecto en marcha cuya visión es el socialismo
comunitario.
Tener candidatos únicos o varios sin
sustento ideológico es más de lo mismo y con predecibles resultados de derrota.
Publicado en El Deber
26/03/12, en Hoy Bolivia el 28/03/12 y en Los Tiempos el 28/03/12
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