martes, 29 de noviembre de 2011

Profesionalismo sesgado

         La repetición continua de acciones hace que uno vaya acostumbrándose y le parezca normal diferentes actitudes que toman las personas en la vida. No obstante, cuando esa repetición de conductas y actitudes tan sesgadas, discriminatorias y humillantes provienen de profesionales que se dedican a una actividad pública, ya es inaceptable y en mi caso producen una bronca que no la puedo seguir conteniendo.

         En concreto y en particular me refiero al periodismo deportivo argentino y que estoy seguro, ese sentimiento no es particular mío sino de la inmensa población boliviana y de los mismos periodistas deportivos nacionales que no se refieren a estos hechos por cortesía profesional.

         El viernes cabalístico del 11 del 11 del 11, el seleccionado de futbol boliviano jugaba en Buenos Aires con la selección argentina, y obviamente toda la ‘previa’ (llamada así en el argot deportivo futbolístico) tuvimos que ‘chupárnosla’ con los canales de televisión argentinos en el que la mención a Bolivia era porque jugaban con el seleccionado de ese país y se referían únicamente al seleccionado argentino y como ese partido para ellos no tenía más significado de lo que las estadísticas exigían, se dedicaron más a cubrir los partidos en Montevideo, Barranquilla y Asunción.

         El despreciado seleccionado boliviano empezó jugando frenando a las estrellas europeas del seleccionado argentino, lo que de por sí ya era una afrenta; ¿como unos jugadores devaluados y que solamente tres de 24 juegan en el exterior, podían cometer semejante torpeza e irrespeto a sus multimillonarias estrellas? y ‘horror’ casi en el minuto 11 Martins mete un golazo, que si lo hubiera hecho un argentino le hubieran calificado de obra maestra, y ahí los periodistas argentinos siguieron mostrando la hilacha al negar merecimientos al jugador boliviano y echándole la culpa a su defensor argentino. Reconozco públicamente que yo era uno de aquellos a quien Martins le tapó la boca con su golazo.

          Al terminar el partido y queriendo seguir nuestra alegría volvimos al cable de los canales argentinos, que en una conducta periodística sesgada analizaban únicamente a su seleccionado, quitándole méritos y fundamental participación en el resultado a los jugadores bolivianos.

          Es honesto reconocer las excepciones que confirman la regla, en el canal Fox Sport un periodista joven (no sé su nombre) no sólo reconocía los valores del seleccionado boliviano, sino que consideraba que Bolivia podía haber ganado el partido, lo cual era cierto y nos faltó como siempre el centavo para el peso; y Fernando Niembro, que muestra su calidad y profesionalismo en el análisis, poniendo la situación en su justo y cabal lugar. Los demás, como montoneros de la pampa, desconocían los valores del equipo boliviano y se referían tangencialmente a la Verde y para ellos únicamente jugaron las estrellas argentinas y analizaban sus falencias (que son muchas a pesar de los millones que valen).

         No podemos pedir humildad al periodismo deportivo argentino, pero si podemos exigirle que sea ecuánime y actúe con sindéresis profesional, especialmente porque son cadenas internacionales, y por lo menos, respeten a un país, aunque pobre y con muchos problemas como Bolivia, en una de sus pocas alegrías como es el amargarle la fiesta a un rejuntado de estrellas y que volverá a ser equipo como los de antes cuando jueguen jugadores argentinos con mística (Clemente Rodríguez) y no europeos satisfechos de euros (todos los demás).



Publicado en El Deber 24/11/11 y en Hoy Bolivia el 25/11/11


jueves, 10 de noviembre de 2011

Mensajes claros y contundentes

         A veces a uno le invaden sentimientos de frustración, desesperanza e impotencia cuando no uno sino muchos hechos van en contra de la legalidad y de un mínimo sentido común, y el destrozo del Estado de derecho es sistemático, con un desmantelamiento continuo de las pocas instituciones que funcionaban en el país. A esos sentimientos negativos hay que adicionar el agravante de que los políticos no responden a ninguna clase de ideología y menos tienen propuestas serias que constituyan una alternativa real y posible ante el pensamiento y el actuar hegemónico del partido de Gobierno.

         No obstante, se presentan situaciones tan disimiles en su contenido, pero con resultados similares, que permiten vislumbrar dentro de ese sentimiento de frustración, una luz de salida y esperanza, tal vez todavía lejana, pero luz al fin.

         En poco más de 60 días hubo dos hechos trascendentales para la vida del Estado Plurinacional, acontecimientos que, que en sus resultados finales, a pesar de la innata tozudez de los actuales gobernantes, han hecho llegar a estos mensajes claros y contundentes de que, finalmente, como siempre ha sido y lo seguirá siendo, cualquier gobierno está sujeto a las determinaciones del pueblo, no aquel que se utiliza semánticamente para fines de respaldo a actividades del oficialismo, sino el que sale a las calles y se hace escuchar con reclamos directos.

         Uno de esos importantes asuntos que han movido el piso al Gobierno fue la inédita votación por los altos cargos en el Órgano Judicial. Por encima de la imposición y presión oficialista, el acto eleccionario fue tranquilo y con una participación ciudadana extraordinaria; al final, sin que legalmente sea reconocido, se convirtió en un acto plebiscitario porque fue nomás una consulta sometida sobre si estaba o no de acuerdo en la elección o, por el contrario, se rechazaba la misma.

         Las elecciones de octubre me permiten realizar dos lecturas: la primera, los votos nulo y blanco han sido mayoritarios en las ciudades, superando a los votos válidos; esto significa un claro mensaje al Gobierno, de que la mayoría del pueblo boliviano rechaza cualquier imposición que se pretenda hacer cambios en contra de lo legal, lo legítimo y del sentimiento del pueblo. La segunda, el voto de oposición a dicha elección de magistrados se constituyó en un único frente en contra del Gobierno, dando también otro mensaje claro que la mayoría del pueblo cuando está unido, ya no apoya al oficialismo y se ha convertido en crítico de sus actos.

         El otro hecho trascendente fue la marcha de los indígenas de tierras bajas del Tipnis, que superando barreras geográficas, problemas de salud e increíblemente a una brutal agresión policial, finalmente llegó a la sede de Gobierno. Y durante los días de la marcha esta se fue convirtiendo ya no en el reclamo aislado de un pequeño grupo sino el de millones de bolivianos que la apoyaron incondicionalmente junto a sus pedidos, consiguiendo así un triunfo real y político que obligó al Gobierno a recular y dar marcha atrás. Además de ello hemos sido testigos del nacimiento de nuevos líderes emergentes de las bases indígenas que constituyen una alternativa de cambio.

         Por lo menos estos últimos días los sentimientos que nos embargan ya no son de frustración, sino de esperanza.





Publicado en El Deber 9/11/11, en Hoy Bolivia el 10/11/11 y en Los Tiempos el 10/11/11