El Diccionario de la Real Academia Española define la paradoja como aquella figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción.
En el inefable Estado Plurinacional de Bolivia las paradojas las encontramos no solo en frases o expresiones, sino también en hechos que cada día ya no nos sorprenden, tal vez curados por el espanto, que ante un pobre -económica y mentalmente- país como el nuestro nos produce dolor, pena y sobretodo, frustración.
Me permito dar unos ejemplos que muestran la veracidad de lo dicho. Bolivia es un país mediterráneo y además invertebrado. Es increíble que no haya conexión ferroviaria entre el oriente y occidente. Los rieles del progreso, que deberían ser de trocha ancha y no angosta, al no estar conectadas obligan al usuario a utilizar camiones de alto tonelaje que cargan menos mercadería y tiene un costo más alto. Y las flotas que llevan a los pasajeros con menos consideración que los camioneros a su inanimada carga cuestan vidas humanas que destrozan familias enteras.
Es loable la política estatal de construir nuevas carreteras, pero es paradójico que se lo quiera hacer destruyendo el medio ambiente, por no ceder en modificar la ruta propuesta por otra alternativa que cumpla su función vital de interconexión, pero respetando el hábitat de las poblaciones indígenas.
Uno de los mayores problemas que está enfrentando el país es el de la seguridad ciudadana. Parte de esa seguridad es el reordenamiento vehicular, especialmente en las zonas aledañas a los mercados, y es absolutamente paradójico que dos fuerzas del orden –la Policía y la Gendarmería-, en lugar de coordinar labores, se enfrenten violentamente y, además, se remita a los gendarmes involucrados a la cárcel de Palmasola. Si en esa pelea había dos bandos, debieron ir presos también los policías que se enfrentaron a los gendarmes encarcelados.
Conseguir mercados en el exterior para productos, aún llamados no tradicionales, es realmente una tarea quijotesca y en la que el Estado no invierte ni tiempo ni dinero, pero en contrapartida recibe las divisas que generan las exportaciones. Es una inexplicable paradoja que sea justamente el Estado el que ponga las trabas y cree los mayores obstáculos para que el exportador pueda enviar sus productos al exterior, con dos agravantes: cuando se pierde un mercado externo recuperarlo es casi imposible y las divisas que no se generan tampoco pueden ser recuperadas.
Construir una avenida como la Cristo Redentor entre el segundo y quinto anillo con cuatro carriles de circulación, cuesta mucho dinero a los contribuyentes. Paradójicamente se diseña, se construye la obra y meses después se empieza a destrozar el pavimento para colocar alcantarilla. ¿Alguien puede explicar esta cara paradoja?
Así podríamos seguir analizando las paradojas que se presentan a diario y que evidentemente tienen como resultado mantener a Bolivia en la mediocridad. Cuando vemos la gran cantidad de farmacias instaladas en la ciudad e incluso frente a frente, incurriendo en un delito de competencia desleal, sólo podemos decir: tantas farmacias en un país sin remedio.
Publicado en El Deber 20/08/11, en Hoy Bolivia el 22/08/11 y en Los Tiempos el 24/08/11
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