viernes, 29 de abril de 2011

Adios al 21060

         En 1985 Bolivia atravesaba por una situación de extrema gravedad económica, la cual, incluso, ponía en riesgo la estabilidad del país como tal, donde la hiperinflación devastó y liquidó prácticamente todos los factores económicos y sociales, obligando al Gobierno de entonces a adoptar una política económica que debía tener alcance global, a fin de corregir la estructura misma de la economía boliviana y lograr, en el corto plazo, la estabilización con la aplicación de un conjunto de medidas fiscales y monetarias.
         La Nueva Política Económica (NPE) tenía tres objetivos básicos: 1) estabilizar el tipo de cambio, disminuyendo de forma significativa la transferencia neta de recursos al exterior; 2) reducir el déficit fiscal mediante la contracción de los gastos, la parálisis de la inversión pública y el despido de funcionarios; y 3) romper con la espiral de precios y salarios, a través del congelamiento de salarios y la libre contratación de la fuerza de trabajo, liberando los precios internos.
         La NPE se empezó a aplicar con el Decreto Supremo Nº 21060. Incluso la forma de presentación modificó sustancialmente con relación a anteriores medidas económicas que se aplicaba emitiendo varios decretos separados, que en léxico popular se conocían como ‘paquetes económicos’, que tanto desasosiego creaban en la población.
         El DS 21060 contiene 8 Títulos divididos en Capítulos y 170 artículos. El Título I sobre Régimen Cambiario y Reservas, estableció un tipo de cambio, único, real y flexible, con venta libre de divisas, dejando al mercado que fije la tasa de cambio mediante el sistema denominado ‘bolsín’. El Título II sobre Régimen Bancario y Comercio Exterior dejó en libertad al sistema financiero para hacer operaciones en la moneda que viera conveniente y fijar las tasas de interés activas y pasivas. En el sector del comercio exterior se aplicó una política de total liberalización. El Título III sobre Régimen Social fue el que tuvo más impacto, pues se estableció la libre contratación o rescisión de contratos de trabajo, implantándose transitoriamente un ‘beneficio de relocalización’. Se consolidaron todo los bonos, excepto de antigüedad y producción, se eliminó el sistema de pulperías y se congelaron sueldos y salarios. El Título IV sobre Régimen de Precios y Abastecimiento dejó en manos del mercado la libre determinación de precios, eliminándose la subvención y los subsidios a los productos de la canasta familiar. El Título V sobre el Régimen de Empresas, procuraba mejorar la eficiencia de las empresas estatales, disminuyendo la centralización administrativa de las mismas. El Título VI obligó a la actualización de los activos fijos de las empresas públicas y privadas. El Título VII sobre Reformas Monetaria y Tributaria dio lugar a normas complementarias como la Ley 901 de Reforma Monetaria, que creó la nueva moneda, el Boliviano (Bs.) y la ley 843 de Reforma Tributaria, que creó siete impuestos, desapareciendo así el antiguo sistema celular que daba lugar a la anarquía tributaria. El Título VIII de los instrumentos de la NPE, reorganizó el Banco Central de Bolivia.
         Los principales objetivos conseguidos por el DS 21060 fueron eliminar la hiperinflación, estabilizar la moneda y los precios y destruir un estatismo ya carcomido, dejando pendiente el desequilibrio social, que a pesar de tanto tiempo transcurrido ninguno de los gobiernos posteriores pudo encarar, manteniéndose así una insostenible situación para amplios sectores de la población.

Publicado en El Deber y Hoy Bolivia el 26 de abril de 2011

viernes, 15 de abril de 2011

Homogénea mediocridad

         Varios años atrás perdí la ilusión de que podría estructurarse una oposición inteligente, con propuestas adecuadas y críticas razonables que buscaran reconducir actos que van en contra de los intereses del país, es decir, una oposición fuerte ante un oficialismo avasallador y prepotente.
         La primera decepción se presentó el momento en que se sustituyeron los partidos políticos por las llamadas agrupaciones ciudadanas. Estas se conformaron al calor únicamente de los intereses de grupos que perdían el poder y buscaban posicionarse en el nuevo esquema político que se formaba en Bolivia, a fin de ver qué podían mantener o recuperar, sin interesarles el destino del país. La segunda decepción que fue la confirmación del fracaso político de la oposición y de su negativo futuro fueron las personas que representaban dichas agrupaciones ciudadanas, desde el pobre liderazgo de quienes pretendían encabezarlas hasta sus miembros de base, que buscaban solamente acomodarse en el nuevo escenario político-social.
              Lo que se podría intentar definir como oposición política al proyecto hegemónico del partido de Gobierno no pasa de un ‘rejuntado heterogéneo’, que en lugar de trabajar aportando –aunque no les hagan caso- con soluciones, propuestas, alternativas o dejando sentada su presencia en los diferentes ámbitos donde se desenvuelven, se pasan criticando en base de simples adjetivos, lo que es muy fácil hacerlo, porque insultar no requiere de argumentos o posiciones sólidas, y reciben cobertura de los medios de comunicación, que buscan más el escándalo que los aportes o críticas fundamentadas.
         En su columna periodística de EL DEBER, el periodista Tuffí Aré señaló que las fuerzas políticas que conforman ahora la oposición carecen de un liderazgo firme, no tienen la suficiente consistencia ideológica y sufren por el detestable oportunismo de algunos de sus miembros. En realidad, las agrupaciones ciudadanas no tuvieron en ningún momento liderazgo y mucho menos algún tipo de ideología. La unión de quienes son parte de esas agrupaciones de tipo político ha sido y continúa siendo únicamente para precautelar los intereses de grupos económicos e individuales de quienes aparecen públicamente.
         En lo que sí existe absoluta homogeneidad de la pretendida oposición política es en su mediocridad. El caso particular de la Brigada Parlamentaria Cruceña es la demostración palpable e innegable de la pobreza intelectual de sus miembros, que no han tenido ni siquiera la capacidad de manejar políticamente la elección de su directiva y por el contrario, haciendo alarde de ineficiencia y mediocridad, por los incompresibles argumentos de sus miembros, en lugar de consolidar por lo menos una brigada parlamentaria de oposición al partido de Gobierno no solo rifaron la confianza de quienes ahora están arrepentidos de haberlos elegido, sino también la de toda una región, que a puro pulmón sigue manteniendo el liderazgo económico, aunque disminuido, y sus supuestos dirigentes continúan con mediocres discusiones.
         Se confirma la decepción que tengo desde tiempo atrás, sólo que ahora se agrava porque seguimos sin poder vislumbrar en el futuro cercano la aparición de algún liderazgo inteligente que proponga, dirija y lidere en lugar de seguir en el absurdo camino del insulto y la diatriba.