Al leer los periódicos, escuchar las radios o ver los programas de TV, caminar por la calle, manejar y encontrarse con la mayoría de energúmenos que conducen motorizados, escuchar a las autoridades nacionales, departamentales, municipales o de cualquier actividad pública, ver las reacciones de la gente, es decir, simplemente ver lo que es nuestro país, llegamos a la triste conclusión que este es un país ‘chuto’.
Puede que no sea original en esta definición de país chuto y que mucha gente así lo piense, y tampoco puede considerarse que recién estemos siéndolo; viene de muchos años atrás y ahora sólo se agrava. No obstante, no puedo guardar silencio porque me haría cómplice directo de esta triste y vergonzosa situación.
Analicemos algunas de los hechos que confirman lo aseverado anteriormente. Empecemos por lo obvio: se promulgan leyes para legalizar autos justamente denominados chutos, no porque sea una necesidad nacional o porque influya de manera decisiva en la economía del país, sino simplemente por cálculos políticos que procuran beneficiar a sectores, a fin de que no creen problemas sociales a los gobiernos de turno. En contrapartida, nos estamos llenando de chatarra que es desechada en otros lugares y que no puede ingresar o ser colocada en países serios, por eso buscan a países como el nuestro para encajarnos lo que no sirve. No es justificativo que esos vehículos chutos y de aparente bajo valor comercial sirvan para que así algunas personas puedan acceder a tener una movilidad y tener ingresos. El tiempo de uso en el que no presentan problemas esos vehículos es tan corto con relación a la inversión realizada, que crean más problemas por repuestos y el beneficio económico al final se diluye. En un país serio hay políticas de Estado para generar empleos, o, por lo menos, respaldar a los que generan puestos de trabajo, a fin de no aplicar estas políticas de pacotilla.
Ahora reclaman las personas que tienen como medio de vida el contrabando de ropa usada y también quieren ser amnistiados, así van a tener legalmente el respaldo para que la población boliviana use ropa ajena ‘sabe Dios su origen y pasado’. Y como Bolivia es un país chuto, es obvio que no importa que quiebre la actividad manufacturera nacional, se pierdan fuentes de trabajo y la gente va estar feliz de usar ropa usada legalmente amparada por políticas de Gobierno.
Hay que reconocer que por ser un país chuto se tienen algunas ventajas de las que no gozan los países serios. Uno de esos casos es que no estamos obligados a respetar las leyes, principalmente las de tránsito, así una gran parte de los taxistas ni siquiera tienen licencia de conducir, pero siguen trabajando, como es el caso de los micreros. Tampoco estamos obligados a respetar las líneas de cebra para el paso peatones y peor aún respetar a estos, y ni que decir de los semáforos; para la mayoría no son medios que regulan el tránsito, son adminículos que perjudican la necesidad de avanzar rápidamente y mejor si se pasa en rojo: ese es un buen chofer, le dirán sus amigos en la ‘frater’.
En fin, la lista es demasiado larga en el análisis y eso que no hemos abordado temas más profundos, como la casi desaparición de la autonomía departamental o la imposición oficialista en todas las instituciones que se encontraban a cargo de los opositores y que las perdieron por su incapacidad.
Es nuestra innegable realidad, somos un país chuto.
Publicado en El Deber 13/06/11, en Hoy Bolivia el 14/06/11 y en Los Tiempos el 15/06/11
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