jueves, 9 de febrero de 2012

La educación en el proceso de cambio

         En el segundo año de la fundación del Estado Plurinacional de Bolivia, el presidente presentó un informe ante la Asamblea Legislativa en el que se refirió a 30 puntos de su gestión. La mención a la educación la hizo tangencialmente en el punto 15 al referirse a la dotación de computadoras a los profesores de escuelas y colegios. Textualmente señaló: “Entregar computadoras a los maestros ya no es lujo, es una necesidad, un instrumento de trabajo si queremos que nuestros hijos tengan una buena educación; que el maestro esté conectado al mundo, que tenga textos. Tal vez para el maestro ya no va ser tan importante tener biblioteca o apelar a bibliotecas; en su computadora están los libros necesarios y paquetes de información. Los maestros deben aprovechar la computadora para mejorar su conocimiento, para actualizarse, para impartir una buena enseñanza a nuestros hermanos menores”.

         Obviamente, que maestros o alumnos reciban computadoras personales es un valioso logro en busca del mejoramiento de la educación, pero debe formar parte de un esquema total y no tratarse de hechos aislados que, al final, no cumplen su cometido. Si me permiten el parangón, es como si para mecanizar el agro -especialmente en el occidente- se entrega a cada campesino un tractor, pero no se le enseña su manejo y tampoco se le da combustible, no deja de ser un adorno que no cumple la finalidad para lo cual se entregó. Si no se entrena y capacita a los profesores para el manejo de la tecnología y la multimedia que representa una computadora, no van a poder aprovechar dicho instrumento para beneficio de sus alumnos.

         La educación boliviana no mejora ni va a mejorar por la baja calidad de los maestros. Los maestros bolivianos se encuentran desde hace muchos años en un marasmo en el que se da más valor a la actividad sindical y a la antigüedad, por encima de los méritos y del mejoramiento en la preparación del magisterio.

         Actualmente, Bolivia tiene un superávit producto de los altos precios de las materias primas que exporta; me pregunto: ¿por qué no se hace lo que Chile hizo en la década del 2000 con el superávit de las exportaciones de cobre para dar un salto a la modernidad en educación e innovación, creando un fondo de $us. 6.000 millones para otorgar 6.500 becas anuales a estudiantes, a fin de que hagan el posgrado en universidades de EEUU, Europa y otros países? En lugar de dar becas a estudiantes, otorguemos becas a los profesores para que se capaciten y mejoren radicalmente su desempeño.

         Estamos estrenando un currículo escolar que, además de no haber sido debidamente difundido y consensuado, ha sido creado con una única mentalidad, que es ‘descolonizar la educación en Bolivia’; hecho totalmente a contramano de lo que ocurre en el mundo, donde se busca globalizar el conocimiento, modernizar la educación terciaria, acelerar la inserción de los países en el economía global, elevar la calidad de la oferta educativa, ampliando las bases de enseñanza y superando las barreras del pasado para preparar a los alumnos con el fin de combatir la desigualdad social y la marginación, superando sus niveles de pobreza producto de una preparación educativa seria y sólida. Como decía un exmandatario colombiano, “la clave de la pobreza no es el crecimiento económico, sino la educación”.

         El problema de la mediocre educación boliviana es estructural, y simples paliativos o actos aislados no van a generar ni ahora ni en el futuro un valor agregado que beneficie directamente a los alumnos para que se refleje en la sociedad. 



Publicado en El Deber 08/02/12, en Los Tiempos 09/02/12 y en Hoy Bolivia el 09/02/12